La formación como valor añadido en la empresa

Uno de los pocos efectos beneficiosos que ha tenido la crisis de los últimos años es que tanto las empresas como los trabajadores parecen al fin haberse dado cuenta de la gran importancia que tiene la formación y el continuo reciclaje de los conocimientos y habilidades profesionales.

El escenario empresarial y laboral actual no se parece en nada al que había en España hace una década. Ahora las empresas demandan y necesitan una mayor flexibilidad. Pero esa flexibilidad no tiene que pasar necesariamente por despedir trabajadores, sino que en muchos casos la misma puede ser aportada directamente por los empleados, siendo estos capaces de adaptar sus conocimientos, habilidades y aptitudes a las nuevas circunstancias.

La llegada de la crisis supuso para muchas empresas importantes recortes. Algunas de ellas decidieron reducir en partidas que consideraban superfluas o menos importantes y es aquí cuando muchas entidades cometieron un grave error, reduciendo y en algunos casos eliminando totalmente el presupuesto destinado a la formación de los empleados.

Otras empresas sin embargo decidieron seguir apostando por sus recursos humanos y han sido éstas las que mejor han podido resistir las vaivenes de la economía.

Los trabajadores son un gasto para la empresa, pero a la vez son un gran activo, uno de los más importantes que puede tener una empresa, sin importar si se trata de una gran multinacional o si se trata de una pyme.

Frente al modelo de competitividad empresarial basado únicamente en la reducción de costos, las empresas que han apostado fuerte por el desarrollo de sus recursos humanos se han convertido en las verdaderas supervivientes de la crisis. Logrando mejorar su competitividad, reforzar la confianza de sus trabajadores y generar un verdadero sentimiento de equipo.

Cuando se habla de formación de los trabajadores muchas veces se deja caer el peso de estar actualizado en conocimientos y habilidades sobre el propio trabajador. Pero, como parte de una organización que es ese empleado, está claro que la empresa no puede en ningún caso desentenderse de ese proceso de aprendizaje y mejora de las capacidades.

Por otro lado, cuando es la empresa la que toma la iniciativa de la formación, los trabajadores deben superar ese cierto miedo al cambio de rol (muy frecuente en estos casos) y esforzarse por aprovechar al máximo la oportunidad de mejora que se les brinda.

Junto con la actitud positiva hacia la formación de la empresa y de los trabajadores, hay un último factor que es imprescindible, se trata de la formación en sí misma. Hoy en día existen un gran número de empresas de formación y métodos para capacitar a los empleados. A la hora de elegir esas herramientas de formación, se hace imprescindible que las mismas sean verdaderamente eficaces, que no supongan una pérdida de dinero para la empresa y una pérdida de tiempo para los trabajadores. En este sentido, el feedback y la monitorización son las mejores maneras que puede encontrar la empresa para saber si la formación que está ofreciendo de verdad resulta útil a sus empleados.

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