¿Qué son las pólizas de crédito para las empresas?

Una póliza de crédito es una disposición económica realizada por un banco en una cuenta bancaria para que el solicitante, persona física o jurídica, pueda utilizarla si la necesita. Es decir, si una empresa o profesional prevé que en el flujo de pagos y cobros de su actividad económica puede tener periodos de falta de liquidez o de descubierto, puede contratar con una entidad bancaria una cuenta o póliza de crédito para que el banco le preste, durante un periodo de tiempo determinado, un dinero del que puede disponer libremente (sin estar vinculado a la compra de piso, coche…) a cambio de devolver su importe más intereses en un determinado periodo de tiempo. En dicha póliza, y durante su vigencia, el solicitante puede domiciliar incluso pagos y cobros.

El plazo medio de devolución oscila entre 6 meses y un año pero, normalmente, si la situación económico financiera de la empresa no ha cambiado, las pólizas son prorrogables por otro periodo de similar duración.

El importe de la póliza, el dinero prestado, depende de la capacidad de endeudamiento del solicitante y de las necesidades económicas que plantee el mismo. Para obtener una póliza de crédito el solicitante tiene que pasar por una evaluación de riesgos, realizada por el banco, similar a la necesaria para la concesión de un crédito hipotecario (ver artículo “Criterios de los bancos para aprobar/denegar solicitudes de préstamos personales o hipotecas”) y normalmente una evaluación del negocio (periodo medio de maduración, necesidad global de liquidez…). También suele ser habitual la petición de garantías o avales (avalistas).

La devolución del dinero se realiza el día que finaliza la póliza, aunque se puede ir pagando con anterioridad a dicha fecha. La devolución de los intereses generados por el uso de la cuenta suele ser trimestral y se cargan en la misma (generando nuevos intereses al banco).

Los intereses asociados a una póliza de crédito habitualmente son fijos. Se componen de intereses deudores (los que cobra el banco por el dinero dispuesto, es decir, el utilizado), de intereses acreedores (para el dinero que no se ha utilizado/dispuesto del crédito concedido, saldo favorable) e intereses de excedido (para los casos en que se ha utilizado más de lo dispuesto por el banco). Los intereses acreedores se deben pactar, al igual que el resto de condiciones, en el contrato de apertura de la póliza.

Los gastos asociados a una póliza de crédito se dividen en dos bloques: los de formalización y apertura, y las comisiones generadas por las operaciones.
Los gastos de formalización y apertura se cargan en la cuenta de crédito en el momento en que se crea, y se componen de: Comisión de estudio y apertura (un porcentaje del importe, con un mínimo), Fedatario público (0,30% del importe del crédito) e Impuesto sobre Actos Jurídicos Documentados (0,50% del importe).
Las comisiones generadas por las operaciones pueden ser: sobre el saldo no dispuesto (un porcentaje), por apunte (una cantidad fija), por reclamación de excedidos (porcentaje con un mínimo) y por cancelación anticipada.

Para disponer del crédito de la póliza, el empresario o profesional puede domiciliar los pagos, hacer retirada o ingreso de efectivo en el banco o utilizar cheques, pagarés o tarjetas bancarias asociadas.

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