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¿Por qué pago tanto de IRPF siendo autónomo?

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El pago de impuestos es una obligación ineludible para los ciudadanos. Tratándose del IRPF, este grava la obtención de renta, ya proceda esta del trabajo o de actividades económicas, siendo este último caso en el que se encuentran los autónomos.

Para entender mejor por qué se paga tanto IRPF cuando se trabaja por cuenta propia, hay que analizar un poco más a fondo el funcionamiento de este impuesto.

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Características del IRPF

Es un impuesto directo que grava la capacidad económica de la persona, y también progresivo. Es decir, que cuanta más renta se obtenga, mayor será la carga fiscal que hay que soportar.

En el caso de los autónomos, el impuesto se paga en función de los rendimientos obtenidos por el ejercicio de la actividad económica. Para ello, es necesario declarar los ingresos, los gastos, y las inversiones realizadas. Sobre esa cantidad se aplican los porcentajes que correspondan, que serán los que determinarán la cuantía a pagar.

Una de las particularidades de la declaración del IRPF de los autónomos es que la cantidad a pagar se adelanta a través de la autoliquidación trimestral. Cuando arranca la campaña de la Renta, se hacen los ajustes pertinentes para ver si se ha ingresado la cantidad justa o sí, por el contrario, el contribuyente debe pagar a Hacienda, o es esta la que debe hacerle una devolución si resulta que ha tributado de más.

Tres regímenes de aplicación para los autónomos

Estimación directa simplificada

Para determinar la cantidad que deben ingresar en Hacienda, la mayoría de los autónomos utilizan este régimen. A él se pueden acoger todos aquellos cuyo volumen de facturación no supere los 600.000 euros en el año anterior.

No obstante, el profesional puede renunciar voluntariamente a este sistema de estimación y solicitar que se le aplique el siguiente régimen que vamos a ver.

Estimación directa normal

La norma general es que se aplica a aquellos que hayan obtenido unos rendimientos superiores a los 600.000 euros por su actividad económica en el ejercicio fiscal anterior. Y también a aquellos que hayan renunciado al régimen simplificado.

Estimación objetiva por módulos

Solo es admisible para aquellos que ejerzan una actividad prevista en la Orden que regula este sistema. Por ejemplo, el comercio minorista, la restauración, o las peluquerías.

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Retención en las facturas

Los autónomos que estén dados de alta en el IAE en una actividad empresarial no deben practicar retención de IRPF en sus facturas, el resto sí, siempre y cuando sean facturas expedidas a otro autónomo o empresa.

El tipo de retención que se aplica con carácter general es del 15%. No obstante, es posible aplicar una retención del 7% si en el ejercicio fiscal anterior no se ha realizado una actividad profesional. Es decir, que esta retención reducida es una medida pensada para nuevos autónomos, ya sea porque nunca lo han sido antes, o porque han estado más de un año sin trabajar por cuenta propia.

Gastos deducibles en el IRPF

En el impuesto de la renta se declara lo que se ha ganado con el ejercicio de la actividad económica. Pero hay que tener en cuenta que esta también implica una serie de gastos, de ahí que existan gastos deducibles que reducen lo que el contribuyente tiene que ingresar en las Arcas Públicas.

El autónomo se puede desgravar aquellos gastos que estén directamente relacionados con su actividad económica y que estén debidamente justificados a través de factura (en ocasiones se pueden justificar mediante recibo o factura simplificada). Además, estos gastos deben estar registrados contablemente en los libros de gastos e inversiones del autónomo.

Algunos ejemplos de gastos deducibles son: pago de impuestos, sueldos y salarios abonados a los empleados, cuota de autónomos, arrendamientos, compra de material para la oficina.

Por el contrario, hay una serie de gastos que nunca pueden deducirse del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, como los donativos y liberalidades, las multas y sanciones y las pérdidas del juego.

Un impuesto muy complejo

La materia fiscal siempre resulta compleja para aquellos que no son especialistas en la misma. Y en el caso del IRPF la legislación es todavía más complicada, porque regula muchas circunstancias diferentes.

La mayoría de los autónomos no son especialistas fiscales y prefieren dejar estos asuntos en manos de profesionales bien cualificados pero, en lo que todos los que trabajan por cuenta propia coinciden, es en que la presión fiscal que soportan es excesiva. Porque al pago del IRPF hay que sumar el pago de otros impuestos como el IVA.

De hecho, para un 43% de los autónomos, la carga fiscal es su segunda mayor preocupación a la hora de ejercer su actividad. Solo la supera la preocupación por el tema de las cotizaciones a la Seguridad Social y la elevada burocracia.
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