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Salud o economía

Desde el inicio de la pandemia nos hemos tenido que acostumbrar a la dicotomía entre salvaguardar la salud de nuestra sociedad o salvar la economía. En realidad nos hemos referido, en todo momento, a perjudicar lo menos posible que no a salvar la economía puesto que todos éramos y somos conscientes del brutal impacto que supone la Covid19 para la economía global y para la española en particular.

De igual forma hemos tenido que asistir, entre una mezcla de asombro e incredulidad, a la repetición de argumentos, por parte de algunos políticos con importantes cargos en el Gobierno de España, sobre la importancia de mantener “el circulante”.

Esto traducido viene a decir que si todos mantenemos el dinero en movimiento la crisis y su impacto serán sensiblemente menores y, como siempre, no hay nada peor que el populismo derivado de las medias verdades.

Es evidente que si el dinero no se mueve tenemos un problema pero, también debería ser evidente, que por mucho que movamos el dinero, si no somos capaces de generar riqueza difícilmente dispondremos de dinero que mover.

Si analizamos los datos macroeconómicos del 2019 los datos son reveladores, el sector que mas aporta al PIB nacional fue el del Turismo con una aportación total (directa e indirecta) del 15% en términos económicos y del 17% en términos de empleo.

Con la pandemia de 2020 el sector del turismo en España se desplomó un 69,7% respecto al año anterior. Este dato, en si mismo, ya es demoledor pero para que podamos apreciar la verdadera magnitud basta con saber que la caída del turismo en España es superior a la caída conjunta del turismo en Francia e Italia que son las otras dos potencias turísticas de Europa junto con nuestro país.

Parece evidente que el Gobierno de España debería tomar en consideración esta información por el bien de todos los españoles, de nuestro futuro y de nuestros hijos.

El gran reto al que nos enfrentamos, en términos sanitarios, es poner freno a la expansión de los contagios. Freno cada vez mas completo a tenor de las características de las nuevas variantes que van apareciendo de la Covid19. La mas famosa en estos momentos es la variante D cuya característica mas diferenciadora es su facilidad de transmisión.

Y aquí es donde toma su verdadera dimensión el componente de la planificación que, sin lugar a dudas, debe ser una característica común a todo gobierno. Es dentro de este concepto de planificación donde nos encontramos nuestras peores y mas dañinas carencias.

En un país con la dependencia del turismo que tiene el nuestro y que se refleja en todas las cifras que hemos compartido, la totalidad de medidas tomadas para controlar la expansión de la pandemia y sus consecuencias se han limitado a acciones reactivas y de contención pero, en  ningún caso, acciones proactivas tendentes a mantener entornos sanitariamente seguros.

Las recomendaciones mas “innovadoras” se han limitado a sugerir ventilaciones cruzadas permanentes y, como versión avanzada, la instalación de filtros, a criterio de no se sabe bien quién, que mas parecen orientadas a dar un mensaje de supuesta tranquilidad que a garantizar un entorno limpio y seguro.

¿De verdad no podemos hacer nada mas para reducir el impacto de la pandemia en nuestro turismo? ¿En nuestra economía y nuestra sociedad?